Me quedé anclada en un árbol viejo.
Hay un espacio vacío incalculable y frío después de la muerte y tiene el peso estremecedor y tajante de las hojas caídas de los árboles, de aquéllas que nunca volverán a ser parte de la rama, de aquéllas que dijeron un adiós sin un abrazo, sin tiempo para un beso.
Hay un desorden en las horas de mis días,
y aún no puedo olvidar el olor de las flores.
No quieras olvidar casual... no insistas en aquello que no pregunta nada y simplemente sucede... Vuelve a su origen y vívelo hasta sanar... no hay más solución que aprender a lidiar con las heridas y mirar las cicatrices..
ResponderEliminarMmmmm...
ResponderEliminarHay cosas que me gustaría olvidar. Pero la memoria no es amable y a veces llueven los recuerdos tristes.
Un abrazo.