viernes, 24 de septiembre de 2010


Ojos peregrinos bañados de cielo... No permitas que las nubes empañen tu espejo.
Un día la niña descubrió una hermosa sonrisa en el antiguo espejo que colgaba de la pared de adobe. Una sonrisa dulce para estrenar en el mundo y coquetear con los colores de la vida. Sus labios gruesos ensayaron muchas hasta que la sonrisa se transformó en una música perenne.
El espejo ha caído y se ha quebrado en millones de estrellas, muchas sonrisas esparcidas por el cielo... La casa se ha derrumbado, pero las flores siguen apareciendo en medio de las grietas, y su perfume embriaga hasta las piedras aporreadas del camino.
La niña guardó en un bolsillo de su pantalón un trozo del espejo y una flor de la grieta de la casa. Los lleva consigo y amuebla su casa con ellos.

Me regalas un abrazo de mariposa, cuando ya no tengo dientes para asirme a tu carne. Me invades con las notas musicales del mar y el graznar de las gaviotas, pero mis oídos se han vuelto sordos, sólo hay silencio en este cuarto oscuro. Ya no hay lugar seguro. Quiero irme... Intento rehuir tu mirada cuando ella me besa y prende la luz en medio de mi nada.

Hace demasiado tiempo que vago por las estrellas, y tú me llamas a caminar en la arena. Hace demasiado tiempo que olvidé lo que era esperar a alguien. No sé siquiera si abrir esa puerta y dejar entrar el aire, las olas, el sol... Llueve en mi habitación, con tanta fuerza que el viento azota mis ventanas.

Hay un mar de arena en mi interior; olas gigantes rocosas y oscuras; viento de cuervos que atraviesan y anochecen el día. ¿Qué sitio encontraste para querer quedarte? ¿Cuál la tibieza? ¿Qué belleza contemplaron tus lamparanes color miel? No comprendo. Yo no me quedaría en un lugar tan inhóspito para vivir.

Un abrazo de mariposa y un café para dos...



jueves, 23 de septiembre de 2010

Ella va surgiendo tras la nebulosa... Tanto caminar descalza, trae heridos los pies.
Dicen que trae una maleta con una rumba de fotografías; dicen que sólo viste colores oscuros;
dicen que por las mañanas mira el cielo y suspira, como si extrañase volar;
dicen que abandonó el habla cuando fue testigo de la primera violencia...

Los otros, los demás, aquellos que visten ojos alquilados,
los recopiladores de días,
los transeúntes insomnes y malhumorados.
Éstos habitan casa amuralladas, componen canciones a cambio de puertas.

Ella y los otros no se cruzan en los puentes.
No hay desafíos que enfrentar, ni espadas ni caballeros.
Sólo quedan los monstruos de sus pesadillas,
sólo queda la sangre que grita por las calles su hambre de lágrimas.

jueves, 9 de septiembre de 2010


Desde la inmensidad corren unos ojos
verdes, con pintas rojas y café otoñal...
Lejanos y transparentes de nostalgia.

Han pasado multitud de atardeceres,
desde aquel día y, sin embargo,
tus ojos quedaron grabados allí donde
sólo los recuerdos imperecederos moran.