jueves, 21 de octubre de 2010

... Y me dormí al abrigo de tus ojos...
Pero para despertar he de aceptar que ya no estás...
Una paradoja digna de la muerte.

viernes, 8 de octubre de 2010

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El camino de regreso fue más corto. Ella caminaba con paso decidido hacia la cabaña. Las luces estaban apagadas, imaginó que Rodolfo se habría hecho cargo del grupo y que los habría llevado a festejar.
Conocía a ese hombre de sonrisa cálida. Sabía que él la amaba desde que se conocieron en aquel café donde él tocaba el saxofone. Aquel día, Francisca quedó prendada de su música. Él era apasionado y se entregaba por completo a cada nota, parecía una fusión hombre-instrumento, uno solo en un concierto maravilloso. Llevada por la sensualidad de la música, Francisca lo imaginó haciendo el amor con alguna musa de su imaginación. Era un hombre fuerte, inteligente, y por sobre todo, sensible. Ella sabía que él la había visto al entrar y que un algo especial se habían transmitido en aquella cálida mirada que se dieron, dos seres solos unidos por una oscura melodía. Cuando terminó de tocar se acercó a ella, como siempre, Francisca esta sola, su única compañía era su cigarrillo. Sin preguntarle nada se sentó a su lado y le dijo:
- Me llamo Rodolfo.
- Francisca... dijo ella. - Me gusta tu música, está impregnada de ti. Me gustaría que trabajáramos juntos alguna vez.
Él la miró sorprendido, fue allí por esa mujer y se encontraba con una cita de trabajo. Rodolfo la miró profundamente y le dijo:
- Tienes un hermoso mirar, tus ojos parecen unos atrapasueños oscuros y melancólicos.
- Soy escritora - dijo ella
Entonces, Rodolfo comprendió que aquella extraña mujer no iba en busca de una noche de amor, pero también supo que ella era capaz de oscuras profundidades.
Desde ese momento comenzaron a verse, Francisca le contó de su proyecto de teatro. No tenía dinero, sólo sueños. Ella era una atrapa-sueños.
Un día llegó exaltada al departamento que él arrendaba frente al Parque Bustamante. Cuando Rodolfo abrió la puerta, ella entró como un remolino, excitada, hablaba y reía al mismo tiempo. Él nunca la había visto así, ella era tan tranquila, recordó que al caminar parecía llevar su propio ritmo, un tempo que no era terrenal, y su voz profunda y cadenciosa era un sortilegio, como las notas que fluían de su saxofone, una hada exiliada en el mundo real.
De pronto comprendió que Francisca hablaba del proyecto de teatro en la Isla, no comprendía si se había ganado un concurso o se había encontrado con un mecenas renacentista, sólo atinó a contemplarla. Más que nunca, comprendió que su amor por ella era un imposible. Había algo en ella... quizá algo extrahumano, no lo sabía, pero era una distancia difícil de sortear.

martes, 5 de octubre de 2010


Francisca camina lentamente por la playa, lleva sus sandalias colgando del hombro derecho. Siente sus pies enredarse en la arena, sumergirse en el frío y la humedad. Sus ojos color miel se adentraban en la negra noche, sin estrellas ni luna, dos de los elementos de la naturaleza más amados por ella. Susurraba palabras que el viento transportaba quizá a qué lugares, eran palabras que no se atrevería a decir a alguien ni a escribirlas por temor a que las reconociesen. Como recordando un rito se sonríe y comienza a desnudarse, deja su ropa sobre las rocas, a resguardo de las olas y de algún curioso, y finalmente, se lanza corriendo en busca de ese mar acariciador, siente las frías aguas como cuchillos en su cuerpo, cuchillos que en vez de herirla la acarician. El mar siempre logra contener sus desbordes de tristeza... llora y sus lágrimas se confunden con esas aguas salinas, nada hasta lo profundo, hasta que logra la magia del descanso, se suelta la tensión, por fin, libre... Parece tan simple, su ser confundido con aquel monstruo marino. Ya aplacada la tristeza, regresa a la orilla...

sábado, 2 de octubre de 2010




Quién es esta mujer

que viene desde oscuras entrañas.

La sé; La he presentido.

Pero aún no la reconozco...

http://www.youtube.com/watch?v=EsaM4QqoRxw

"Maldigo del alto cielo" Violeta Parra

viernes, 1 de octubre de 2010

Pinté mis días de locura, luego que llegara tarde a tu último vuelo. Mis ojos se quedaron sin sueño durante días y noches. A trapada entre sábanas blancas y rejas, mis gritos enmudecieron.
No hay locura que sobreviva al dolor...

Negros se tornaron los amaneceres. La oscuridad invadió tu antiguo reloj y ya no hubo alarma que pudiera despertarme a los días sin ti. Sumergida en lo profundo de una montaña clamé hasta despertar un volcán inactivo durante siglos. El negro se tornó ceniza después de la erupción. Calles y calles con camas y remedios. Con rostros sin luz y cerrojos en las puertas.

Un llanto teñido de sangre, cubrió mi desnuda piel. Ya no estabas para cubrirme con tu dulce mirada. Fría y pálida vi arreciar la tormenta. El sol tomó sus maletas y se marchó de esta tierra árida y roja. No hay espejo que aguante el silencio de los gritos dados a voces. No hay río que pueda hacer cantar las piedras sin dueños.

La ausencia es blanca. una luz que enceguece y marchita el verdor de los campos. Ciega marcho por los caminos pedregosos. El viento pasa sin detenerse en mi cuerpo. Un cuerpo que ya no sonríe ni se estremece ante las hojas brotadas en primavera.