sábado, 29 de mayo de 2010

Le tuvieron que arrancar los dientes para liberar la lengua.
Le habían usurpado la tumba milenaria de las consonantes, las vocales, los puntos, las comas y los matices...
sólo salió de su garganta un sonido gutural parecido al... ¿llanto?.
Entonces, vi dibujarse esa lágrima, sobresaliendo de su piel.
Era gorda, grande, casi gelatinosa, transparente, caliente y salada.
El rostro de piedra comenzó a resquebrajarse y a explotar minado por la lava
caliente del veneno almacenado en los huesos de su cráneo.
Sus manos furibundas arrancaban a pedazos la piel de su pecho, tenía atorado
un nudo, una montaña de arena.
De su boca salió expelida la muerte, la amargura, el odio por la vida... una sangre coagulada y añeja que llevaba escrito un ADN de horror y desdicha.
Aquí yace ella, apegada, como siempre a su hábito de respirar.
Cada vez más libre e indómita.
Callada todavía, pero con palabras acunadas en su vientre.

jueves, 27 de mayo de 2010

Has regresado y, sin embargo, ya no tengo deseos de acariciar tu nombre.

Has regresado, entonces ya puedo marcharme.

Una maleta, las botas y el abrigo...

domingo, 16 de mayo de 2010

En las blancas paredes, colgaste unas fotografías de azul para mí... cielo, mar, glaciales.
Mientras mis ojos vagaban en la oscuridad de lo blanco, escuchaba tu canto azul desde la orilla de la cama.
Me hablabas incansablemente de la enorme chimenea que tendría la casa. Un fuego para derretir el hielo que la muerte había introducido en mis huesos.
Una tibia casa con alfombras de lana y enormes ventanales... No sé cuándo dejaste de hablar y comenzó el silencio... No sé cuál de los dos murió primero...
Pero estaba en una habitación grande, rebosante de seres sombríos. Con barrotes en las ventanas y en las palabras.
Por las noches, se escuchaban los gritos. Alguien estaba encerrada en una jaula y no sabía deletrear el arrullo de los pájaros.
No podía dormir y mis ojos pesaban arenosos. Me levantaba y mi boca sabía a desierto.
Caminaba por un largo pasillo con muchas puertas y todas cerradas. Caminaba hasta que las paredes impedían mis pasos. LLevaba los senos cargados de lágrimas. Mi leche era más amarga y salada que las aguas del mar.
En medio de la oscuridad susurraba tu nombre una y otra vez, como la palabra mágica que pudiese abrir alguna pared.
Y sin embargo, tu nombre llagado era incapaz de hacer de sortilegio para la libertad. Tu nombre era la presión que llevaba en las venas y que pugnaba por salir a borbotones.

sábado, 15 de mayo de 2010

¿Qué pasa cuando te quedas con las manos vacías? ¿y las noches frías? ¿Hay una suerte de tejido en el cielo que guía a los muertos en su vagar? ¿hay violetas en el jardín?.
Me gustaría que me trajeras violetas en un macetero de greda muy grande,
así podría cuidarlas mientras espero a que llegue mi caracol.
Ahora sólo escucho el sonido de su arrastre y huelo la estela que va dejando en el camino.
En la neblina he perdido mis ojos. Han extraviado el camino y ya no sé hacia dónde miran.
La niña se ha escondido tras la puerta. Allá está al fondo del pasillo. Sigue las líneas que dibujan la madera.
¿Qué pasa cuando ha quedado vacía eso que llaman alma? ¿Y qué pasa si la niña ha envejecido sin soltarse de la puerta?
Yo tampoco lo sé... Hay un infinito silencio en la historia.
Silencio ante la soledad prisionera en la piel.
Silencio ante el llanto del despojado.
Silencio... infame silencio.

viernes, 14 de mayo de 2010

Te prevengo... No sigas adelante.
es demasiado tarde para las conjeturas, tus palabras llegan vacías a mis oídos,
dices lo que crees que quiero escuchar.
Te prevengo...
quizás hoy esté mirando desde la desesperanza,
o quizás ciega deambule por este espacio vacío de amores.
Hay tanta soledad contenida en tu último abrazo.
Quisiera silenciar tus palabras de clavos y taladrar de olvido mis huesos y mi carne.

domingo, 9 de mayo de 2010

Vicente Van Gogh y Alejandra Pizarnik.
Dos creadores fenomenales, y
dos tristes monumentales

Caminos del espejo- Alejandra pizarnik

Vincent Van Gogh

Cafe Van Gogh

No hubo testigos.
Fue un amor silencioso y pequeño; tan pequeño que no me cupo en la mano.
Se deshizo en una mezcla informe.
Se acabó y lloraste,
aún hoy no comprendo tus lágrimas.
En esos momentos, tus labios hablaban de fragilidad,
pero yo sabía que era culpabilidad.

jueves, 6 de mayo de 2010

La muerte va descalza.
Con paso ágil y firme rodea el hoyo oscuro.
Una mujer se agita en su interior.
¿Por qué no llora? ¿Por qué no grita?
Sus manos están ensangrentadas, sus uñas entierradas.
Su sombra, furiosa, se separa de ella

La muerte lleva un vestido de lino blanco y asoma sus ojos de almendras.
La mujer se acurruca en su interior, sólo su sombra se mantiene en pie.
La mujer abre la boca en toda su amplitud, cruje la quijada, suelta el aire despavorido. No hay sonido.
Su cabello largo desgreñado.
La sombra salta, llama, grita, suplica...

La muerte huele a rosas.
Acerca su delicada mano a la vera del abismo.
La sombra de la mujer enmudece de espanto: No es a la muerte a quien ha llamado.
La mujer la reconoce y le sonríe estirando ambos brazos.

La muerte sabe a damasco maduro.
Levanta en vilo a la mujer.
La sombra se repliega en un rincón.
La mujer se va de la mano de la muerte como una amante sumisa.
La sombra se diluye en el mar de sombras del hoyo.
A: ¿A dónde llevas esa maleta? Está tan vieja, que parece que estuviera vacía.
B: Una maleta para llevar mis recuerdos es todo lo que tengo.
A: Pero no sería mejor una escalera para liberarlos al viento y que viajasen en las nubes.
B: Son pesados, son oscuros y atraerían tormentas.
A: Pues desata las siete plagas con ellos
B: Desatar, desamarrar, soltar y vomitar... la realidad no acompaña a la imaginación.
A: Y la tristeza es un viaje inútil.
B: Soplar y resoplar hasta que las flores hayan envejecido; hasta que se rompan los últimos cristales de nuestra casa.
A: La casa de los recuerdos se ha quemado. Ha sido el incendio más grande que se haya visto, ojos por doquier
B: Soplar y volver a soplar hasta que la respiración se detenga.
A: Dicen que los gritos aún se oyen en noches como éstas.
B: Una maleta al viento. Un tren adormecido en sus durmientes.
A: Los dientes rechinaban y olía todo el lugar a carne chamuscada.
B: Háblame en colores y quita de mi ser este tenebroso desazón
A: Azul y el mar embravecido borrando tus huellas
B: Rojo, por qué no decir rojo
A: Rojo y la ira inunda las paredes marchitas
B: Violeta, sé que te gusta el violeta.
A: Violeta de las venas destrozadas en un instante.
B: Me voy
A: Hace tiempo que te fuiste y es... tan inútil irse de nuevo

miércoles, 5 de mayo de 2010

llueve, mientras amanece en mis ojos lejanos.
Tomo un café amargo, mientras desenredo tu rostro del mío.
Mis lentes yacen trizados en el velador, junto a aquel libro que no terminaste de leerme.

Mis labios se han oscurecidos y sólo dibujan una mueca cínica;
el cinismo necesario para continuar velando tus recuerdos
del resto de la gente.
Tan sólo ayer leías y escribías para mí,
un ayer de abismos, de siglos.
Un abrazo ciego quedó tatuado en mi cuerpo.

Llueve y te has marchado.
Llueve y observo caer la lluvia desde mi ventana.
Tu recuerdo da voces por todos los rincones.
Aquí estoy.
Sola,
en silencio,
y sin una flor donde posar la mirada.