
Me regalas un abrazo de mariposa, cuando ya no tengo dientes para asirme a tu carne. Me invades con las notas musicales del mar y el graznar de las gaviotas, pero mis oídos se han vuelto sordos, sólo hay silencio en este cuarto oscuro. Ya no hay lugar seguro. Quiero irme... Intento rehuir tu mirada cuando ella me besa y prende la luz en medio de mi nada.
Hace demasiado tiempo que vago por las estrellas, y tú me llamas a caminar en la arena. Hace demasiado tiempo que olvidé lo que era esperar a alguien. No sé siquiera si abrir esa puerta y dejar entrar el aire, las olas, el sol... Llueve en mi habitación, con tanta fuerza que el viento azota mis ventanas.
Hay un mar de arena en mi interior; olas gigantes rocosas y oscuras; viento de cuervos que atraviesan y anochecen el día. ¿Qué sitio encontraste para querer quedarte? ¿Cuál la tibieza? ¿Qué belleza contemplaron tus lamparanes color miel? No comprendo. Yo no me quedaría en un lugar tan inhóspito para vivir.
Un abrazo de mariposa y un café para dos...
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