
Nana, mi niña.
Una niña camina por la ciudad destruida. Ya no hay muros en pie, sólo esqueletos y sombras.
Duérmete, mi niña.
Han venido con sus armas y el fuego a tomar posesión de los recuerdos.
Duérmete, mi amor.
Han dejado la desnudez y el hambre.
Nana, mi niña, nana.
A veces son tan necesarios esos arrullos.
ResponderEliminarQuizá no sólo la cuidad esté destruida...
La ciudad es una metáfora del ser... Imagino que más de alguna vez, nos sentimos como aquellas ciudades heridas y destruidas por la guerra, la violencia, la brutalidad, la estupidez, el poder, la insensatez, la locura de uno, hombre, o del mundo.
ResponderEliminarLa imagen de la mujer protegiendo a su niña, me pareció de una calidez conmovedora, he ahí que surgieron los arrullos maternos tan necesarios a veces...
ResponderEliminarQué tierno te resultó lo último...
ResponderEliminarUn abrazo enorme!