viernes, 1 de abril de 2011
Abro la ventana de mi pieza, esperando sentir el aire que todos sienten, ver las estrellas que todos ven... Y, sin embargo, abro la ventana y caigo en mi mundo, los árboles inertes y el cielo oscuro, ciego. Quisiera tejer las arenas de esta playa y construir un cometa para volar muy lejos. Un remolino en los ojos llevo. Una turbulenta rama de avisperos. Temo al árbol desnudo del otoño, más de lo que le temo al veneno de la hipocresía. Temo a la lluvia que se funde en el mar, más de lo que le temo a las palabras dichas sólo por decir. Temo a los días venideros, más que a mis manos blandas y largas. Sólo un rostro, sólo una pena, sólo una angustia, para detener la hemorragia de la herida. Una paradoja de colores vierte la noche en mi boca.
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