
Ojos peregrinos bañados de cielo... No permitas que las nubes empañen tu espejo.
Un día la niña descubrió una hermosa sonrisa en el antiguo espejo que colgaba de la pared de adobe. Una sonrisa dulce para estrenar en el mundo y coquetear con los colores de la vida. Sus labios gruesos ensayaron muchas hasta que la sonrisa se transformó en una música perenne.
El espejo ha caído y se ha quebrado en millones de estrellas, muchas sonrisas esparcidas por el cielo... La casa se ha derrumbado, pero las flores siguen apareciendo en medio de las grietas, y su perfume embriaga hasta las piedras aporreadas del camino.
La niña guardó en un bolsillo de su pantalón un trozo del espejo y una flor de la grieta de la casa. Los lleva consigo y amuebla su casa con ellos.
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