jueves, 1 de abril de 2010


Cerrar los ojos y que la naves se internen en la inmensidad del océano.
Perder la conciencia en algún lejano horizonte.
Caminar sin rumbo, transida de dolor y con la piel ulcerada de tantas máscaras y disfraces que la han vestido.
Me he vuelto cenizas.
Y tengo el rostro trizado de días.

Ya no te espero, es cierto.
Pero tu ausencia aún sabe a lluvia.

Descalza y con frío en un autodestierro sin tregua.
Escondida,
Acaracolada,
Abismada.

Sobrecargada de insensatez.
Ya no sé cuándo extravié la ráiz que me sostenía.
Ya no sé cómo se van marchando las horas, los días de días.

Ya no te llamo, es cierto.
Pero me habitas en el silencio,
Cuando cae la noche y los ruidos cesan.
Ya no duermo y las sábanas se mantienen inmaculadas.

Afuera llueve.
dentro de mí, llueve.

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