
Un verde, una caricia...
una ventana se ha abierto en mi cabeza,
los sueños deambulan dueños del espacio y
los recuerdos se me escapan.
Navegar en las hojas otoñales,
navegar acunada con los susurros de un hoy
matizado de ayer.
Ayer se me enredaron las palabras
y quedaron enmarañadas en una prisión de silencio.
Ayer arrancaron el árbol donde escondía mis días de soledad.
Ayer perdí los pétalos que envolvían mis ojos...
Hoy camino a donde me lleven los pasos.
Hoy quisiera trizar mis venas y correr a su encuentro.
Hoy es ira en mis manos.
Hoy es invierno en mis labios.
Un torbellino de hojas, de palabras, de muerte,
sacude mi cuerpo,
he quemado sus cartas y las cenizas me hicieron creer
que sería suficiente,
que era posible desandar y desatar los días cansados de dolor.
Una sábana blanca flameando al atardecer,
un cúmulo de mierda retenido a presión,
un cuerpo deshuesado,
¿qué más? ¿Es que hace falta algo más para justificar
el rodar de mis pasos de antaño?
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