
Yo te nombro compañero y cómplice.
Había una niña de 10 años montada en la copa de un viejo árbol.
Allí guardaba una caja negra con sus contados tesoros secretos.
Todos los día visitaba su cajita y se escondía en ella.
Pero, un día sólo quedó la sombra de la caja.
La niña buscó incansable entre las ramas secas, las cicatrices del árbol
e incluso en sus raíces... Y nada más encontró, entonces, hubo de
conformarse con la sombra.
Una adolescente mantiene su mirada fija en el árbol que hay tras su ventana,
allí deposita la sombra de una caja negra.
Cada día ve la transformación del tiempo en aquel árbol
y revisa la sombra del tesoro.
Pero, un día unos hombres tiraron el árbol.
Un grito, ruidos de pasos, un frío día invernal sacude su rostro.
Ya no estaba su sombra...
Una mujer anciana visita cada día un árbol diferente,
llamando a su sombra.
Ningún árbol la ha visto.
Ellos le ofrecen hojas, cortezas, raíces,
pero ella sólo quiere... su sombra
He llorado con tus dos últimas publicaciones, están bellamente tristes!!
ResponderEliminarTe quiero tanto!
Hoy, esperé tu vistazo, jijijij...
Un abrazo gigante!!!
Fran, gracias. Aunque no sé si la tristeza pueda tener belleza... tuve visitas inesperadas de unos amigos talquinos. Otro día será. Tb te quiero mucho.
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